04/10/2018 a las 09:25:22 AM | Regresar

Comerciantes: “Nosotros convertimos al centro en un desastre”

Comerciantes: “Nosotros convertimos al centro en un desastre”



El bullicio sigue intacto. Son los gritos y las risotadas los que se oyen por doquier. Voces casi imposibles de apagar, características del centro de la ciudad, donde converge el comerciante, el marabino y, aunque poco, también el turista.


A media mañana, la cotidianidad es interrumpida  con el impacto de la maquinaria de la Alcaldía marabina sobre  los locales informales que ocupaban el Unicentro Las Pulgas, como  sucedió con diversas zonas del casco histórico.


En pleno trajín, una madre con hijo en brazos lanza al aire su sentencia: “Se acabó el centro, murió Las Pulgas, se llevaron todo”. La mujer, comerciante y que tenía su tarantín en Plaza Lago, tomó un respiro y tras su bocanada de aire, no tardó en reflexionar.


“Uno mismo puso esto así, no solo yo sino otros, convertimos al centro en este desastre. Nosotros nos confiamos... No pensábamos que fueran a acabar con todo por la gente importante que también estaba implicada en lo que se hacía en el mercado, pero sucedió”, dijo, con autocrítica, la vendedora.


También entre las personas que caminaban a paso libre en la calle derecha, de vista a la Basílica de la Chinita,  otro trabajador informal aceptó su responsabilidad.


“Lamentablemente, esto lo tenían que hacer, era necesario. Hay quienes no incurríamos en esos delitos, que no vendíamos comida ni exigíamos efectivo, como en mi caso, que pagamos justos por pecadores, pero ya tomaron acciones las autoridades y hay que respetarlo”, señaló el sexagenario.


Y mientras reinventan la manera de buscar su sustento diario, algunos comerciantes se convirtieron en vendedores ambulantes. Volvieron a su sitio habitual, ahora despejado y de tránsito libre, mientras se adaptan al cambio.


Los comentarios no paraban de surgir entre los ciudadanos, asombrados por la transformación que inició hace ya una semana y sigue en desarrollo.


“¡Por aquí antes ni se podía caminar, esto era un chiquero! Fíjate en el frente de los locales y  en Las Pulgas hicieron aplanazón”, se oía en una conversación entre madre e hija, en la "Libertador".


Rodando, y a pocos metros de la calle derecha, un conductor desafió a las autoridades y  gritó a los hombres y mujeres en la vía despejada: “En cinco  meses nos volvemos a poner ahí”.



El sol sigue calentando y las gotas de sudor no tardan en aparecer. Es Maracaibo, después de todo, aunque el escenario sea otro. Un irreconocible centro de la ciudad surgió de los escombros y, a medida que caminan, los marabinos se sienten visitantes.


Sus ojos no habían visto las caminerías despejadas a lo largo de la avenida Libertador ni habían apreciado la Basílica desde la calle derecha como lo hacen ahora: una vista directa hacia uno de los íconos de la zulianidad.


Fachadas del comercio “formal” lucen sus rostros, como lo hacían en 1980, y la esperanza renace en los espacios.


Pero el cambio apenas inicia. El alcalde de Maracaibo, Willy Casanova, dijo ayer que “en cuestión de días” estaría interviniendo también la Curva de Molina, otro foco de mafias alimentarias y  comercio informal, e  instó a los comerciantes no formales a evitar el desplazamiento hacia otras zonas o calles de la ciudad: “Donde quiera que se ubiquen dentro de los espacios públicos, sus tarantines serán demolidos”. 
El pasado miércoles 26 de septiembre, inició la intervención del mercado Las Pulgas. Desde entonces, el corazón de la capital zuliana no ha parado de cambiar. Más de 2.500 puestos informales han caído y con ellos, la sombra que opacaba a la Tierra del Sol Amada.


Panorama

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