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Zidane: Hechicero supremo

Zidane: Hechicero supremo


Era el último en salir del entrenamiento, la mayoría de las veces lo hacía recogiendo las botellas de agua dejadas por sus compañeros en el piso. El hombre sereno que apenas levantaba la voz era un galáctico con los pies en la tierra





Lo ganó todo como jugador. Muchos pensaban que ese éxito no llegaría como entrenador: ya suma tres finales de la Champions League, ganando las dos primeras. Hoy, el francés Zinedine Zidane busca el triplete, cuando su Real Madrid enfrente al Liverpool en la definición en Kiev. 




El monje que se convirtió en mago y hoy es el hechicero supremo del Madrid no deja espacios para la duda, con el favoritismo de su equipo. Supo darle la serenidad necesaria para que ellos, en el campo, demostraran su grandeza. 




“Crea un ambiente de grupo muy bueno. Todos reman en una dirección”, explica Sergio Ramos. “Es un hombre tranquilo y transmite esa tranquilidad al jugador”, señala Marcelo. Para Dani Carvajal, “es un hombre muy amable, feliz, con una actitud positiva”.




“Es el mejor entrenador que puede tener el Real Madrid, porque sabe cómo tratar al futbolista en cada momento y cómo obtener el mejor rendimiento de él”, remata Cristiano Ronaldo. 




Hijo de argelinos, nacido en Marsella el 23 de junio de 1972, como futbolista dio sus primeros pasos en el Cannes, en 1988, para luego unirse al Girondins de Burdeos. El mediocampista dejaba destellos de clase en cada intervención. Lo hacía en las calles de la ciudad portuaria cuando chico, luego en los campos de Francia. 




Después el resto de Europa se rendiría a sus pies. 




Llegó a la Juventus en la temporada 96-97, precedido de la opinión de uno de sus compatriotas más ilustres, Michel Platini. El  prócer de los bianconeri en los 70 y 80 lo coronó como su sucesor. No fue tarea fácil: las críticas por la pasividad de Zizou, cuando se le buscaba como un líder, eran contundentes. 




“La gente tiene que entender que yo no seré nunca Michel Platini, ni sobre el terreno ni fuera de él”, develó el marsellés en una entrevista con la revista Onze, en 1998. “Yo no soy un conductor de hombres, un patrón, y no lo seré nunca. No se ajusta a mi personalidad”. 




Pese a esto, logró meterse en el corazón de los juventinos. La gran deuda quedó en la Champions: perdió dos finales consecutivas, la 96-97 ante el Borussia Dortmund y la del 97-98 con el Real Madrid. 




Su vida volvería a cruzarse con la de los blancos, y esta vez sería un amor para el resto de la vida. 
Con la selección francesa debutó en 1994, luego de hacer las categorías inferiores. Comenzó a ganar la confianza de todos, sobre todo pensando en el Mundial de 1998, que se realizaría en casa. 




Zizou lideró en el campo a una selección que no solo jugaba bien al fútbol, sino que era la mezcla más maravillosa de la Francia multicultural. Él, hijo de argelinos, tenía a su lado a descendientes de armenios (Youri Djorkaeff y Alain Boghossian), españoles (Vincent Candela y Robert Pirés), vascos (Bixente Lizarazu), antillanos (Thierry Henry), guyaneses (Bernard Lama), argentinos (Davis Trezeguet), además de nacidos en otras latitudes, como el ghanés Marcel Desailly, el senegalés Patrick Vieira, Christian Karembeu –nacido en Nueva Caledonia-… una amalgama que le dio a los bleus un final feliz. 




Francia ganó 3-0 a Brasil en la definición, con doblete de Zizou y un gol de Emmanuel Petit. 
“Soy francés, pero estoy orgulloso de mis orígenes, de mis padres y de haber crecido donde he nacido”, reveló el genio en una entrevista. 




Aunque la magia en el vestuario y fuera de él no permanecería en las generaciones siguientes, siempre quedó en el recuerdo a Deschamps levantando la copa rodeado de los colores de la Francia de todos. 




Tras ganar el Mundial, Francia también se alzó con la Eurocopa del 2000, con Zidane de nuevo en plan de figura. Un año después, llegaría al Real Madrid. 




Una servilleta fue el vínculo entre Florentino Pérez, presidente del conjunto español, y Zizou. El jerarca le preguntó, por escrito, si quería jugar en su club. La respuesta: “Oui”. 




Era el segundo de los  galácticos, con Luis Figo, Ronaldo y David Beckham. Las grandes estrellas del momento en el firmamento fútbol. 




El gran logró fue la Champions de 2002, en la que Zizou dejó una marca indeleble: una volea desde la frontal del área, zurdazo imponente que sirvió para conquistar la novena Copa de Europa del club con el triunfo 2-1 sobre el Bayer Leverkusen. 




Pero en Corea-Japón 2002, Francia terminó eliminada en la primera fase, un duro golpe para una selección que entraba en la élite. 




Alcanzaron los cuartos de final en la Euro de Portugal 2004, tras la cual se retiró. Saldría del ostracismo para disputar su última Copa del Mundo, la de Alemania 2006. 




Un gol de penal, a lo Panenka, le daba la victoria al cuadro bleu ante Italia en la final. Al frente quedaba crucificado Gianluigi Buffon. Marco Materazzi igualó. Todo se decidiría en la prórroga y, si no, en los penales. 




Al minuto cinco del segundo tiempo extra, ocurrió lo impensable. 




“En Alemania, su último recital se estaba convirtiendo en una demostración antes de ceder ante la provocación de un italiano (Marco Materazzi), que tras sacarle de sus casillas, recibió un cabezazo del marsellés. Cuando no hay palabras, respondemos con el cuerpo”, escribió Bernard Morlino en sus Retratos legendarios del fútbol. 




Italia ganaría en penales 5-3 a Francia. El adiós más doloroso.




Relata Morlino: “Desde la retirada del campeón del mundo, el fútbol ha perdido muchos gestos: cada jugador tiene su propia marca, como los artistas o los músicos. La majestuosidad del toque de Zidane pertenece a la historia del fútbol, y no es menos importante que la pincelada de Cézanne o los riffs de Miles Davis”. 




Comenzaría una nueva era: 
 Zidane en el banquillo. 




En 2013 volvió al club merengue, esta vez como asistente de Carlo Ancelotti. Con el italiano conquistó la décima Copa de Europa blanca, con la victoria 4-1 sobre el Atlético en Lisboa. 




Asumió el cargo de entrenador del Real Madrid Castilla en 2014. Madrid buscaba un nuevo Pep Guardiola, en alusión al exitoso ex DT del Barcelona: un técnico formado en casa, luego de haber triunfado como futbolista. Más que un timonel, un símbolo. 




Su oportunidad en el primer equipo llegó en 2016, sucediendo a Rafa Benítez. El reto de manejar una plantilla con nombres fulgurantes, como los de Cristiano Ronaldo, Karim Benzema y Gareth Bale, entre otros. 




Analiza para PANORAMA el periodista español Abel Romera Aguilera: “Zidane fue y es una institución en el mundo del fútbol y eso le ha servido para ser respetado desde el primer momento por todo el vestuario, incluidos los pesos pesados que suelen más complicados de contener en cuanto al ego que suelen tener. Todos y cada uno le escuchan sin replicarle”. 






 En Milan se alzó con la undécima Champions, con triunfo 5-3 en penales sobre el Atlético, luego del 1-1 en el reglamentario. 




Para la 2016-17 logró el doblete Liga-Champions –segundo en la historia del club y primero desde 1958-, llevando al Madrid, de nuevo, a lo más alto del fútbol europeo. En la final de Cardiff, el conjunto blanco goleó 4-1 a la Juventus en un duelo inolvidable. 




“Le inyectó una dosis de naturalidad al equipo”, considera Richard Páez Monzón, ex seleccionador venezolano, en entrevista con este diario. “Supo direccionar la ambición y ansiedad de sus dirigidos con la confianza de un líder que los entendía. Y jerarquizó los roles de cada quien”.




Continúa el merideño: “No ha sido un innovador táctico, sino que les ha dado madurez y serenidad a sus jugadores, cambiándoles lentamente el vértigo de las transiciones de despliegue ofensivo por la sorpresa del desequilibrio por las bandas de sus laterales o la filtración de pases del mediocampo,  exigiéndoles una interpretación simple de su modelo de juego. Ellos le han respondido con dos Champions  y quizás hasta con tres”.




De vencer hoy, igualaría de forma meteórica como entrenadores con más Copas de Europa a Bob Paisley y Carlo Ancelotti. Y todo con apenas 45 años. El galáctico más terrenal continúa haciendo historia.




PANORAMA

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