30/12/2017 a las 12:40:38 PM | Regresar

Aprende a valorar tus habilidades con la historia de las dos vasijas

Aprende a valorar tus habilidades con la historia de las dos vasijas



Había una vez un aguador que vivía en la India. Su trabajo consistía en recoger agua para después venderla y ganar unas monedas. No tenía burro de carga, así que la única manera que tenía para transportarla era en dos vasijas colocadas una a cada extremo de un largo palo que colocaba sobre sus hombros.



El hombre caminaba largos trayectos cargando las vasijas, primero llenas y vacías a la vuelta. Una de ellas era muy antigua y tenía varias grietas por las que se escapaba el agua. En cambio la otra estaba en perfecto estado y guardaba bien el agua, que llegaba intacta e incluso muy fresca a su destino.



La vasija que no tenía grietas se sentía maravillosamente. Había sido fabricada para realizar la función de transportar agua y cumplía su cometido sin problemas.



– ¡El aguador tiene que estar muy orgulloso de mí! – presumía ante su compañera.




En cambio, la vasija agrietada se sentía fatal. Se veía a sí misma defectuosa y torpe porque iba derramando lo que había en su interior. Un día, cuando tocaba regresar a casa, le dijo al hombre unas sinceras palabras.



– Lo siento muchísimo… Es vergonzoso para mí no poder cumplir mi obligación como es debido. Con cada movimiento se escapa el líquido que llevo dentro porque soy imperfecta. Cuando – llegamos al mercado, la mitad de mi agua ha desaparecido por el camino.



El aguador, que era bueno y sensible, miró con cariño a la apenada  vasija y le habló serenamente.



– ¿Te has fijado en las flores que hay por la senda que recorremos cada día?



– No, señor… Lo cierto es que no.



– Pues ahora las verás ¡Son increíblemente hermosas!




Emprendieron la vuelta al hogar y la vasija, bajando la mirada, vio cómo  los pétalos de cientos de flores de todos los colores se abrían a su paso.



– ¡Ahí las tienes! Son una preciosidad ¿verdad? Quiero que sepas que esas hermosas flores están ahí gracias a ti.



– ¿A mí, señor?



La vasija le miró con incredulidad. No entendía nada y sólo sentía pena por su dueño y por ella misma.



– Sí… ¡Fíjate bien! Las flores sólo están a tu lado del camino. Siempre he sabido que no eras perfecta y que el agua se escurría por tus grietas, así que planté semillas por debajo de donde tú pasabas cada día para que las fueras regando durante el trayecto. Aunque no te hayas dado cuenta, todo este tiempo has hecho un trabajo maravilloso y has conseguido crear mucha belleza a tu alrededor.



La vasija se sintió muy bien contemplando lo florido y lleno de color que estaba todo bajo sus pies ¡Y lo había conseguido ella sola!





Reflexión: Toda personas tiene habilidades y cualidades únicas, independientemente de la edad, origen y estatus social. Solo debemos ver y valorar el potencial de nuestros semejantes, más allá de su visibles debilidades



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