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El recuerdo de una princesa

El recuerdo de una princesa



Diana de Gales fue una promesa de amor para toda una generación que un terrible accidente de tráfico, un 31 de agosto de 1997, hizo que se esfumara. No obstante, su aura de leyenda crece día a día y muchos la recordamos con mucho cariño




La historiadora y escritora española Concha Calleja estudió la figura de Lady Di y en su libro “Diana de Gales: Me van a asesinar ”, en el que recoge las conclusiones de sus investigaciones:



Todo comenzó cuando una joven Diana Spencer, de sólo 19 años, contraía matrimonio, el 29 de julio de 1981, con el príncipe Carlos de Inglaterra, heredero al trono británico. Unos tres mil invitados se reunieron en la catedral de San Pablo de Londres y observaron la cola de la novia, de más de 20 metros de largo, en una boda que ahora sería calificada de mediática.




La pareja, 15 años después, anunció que se divorciaba.



La princesa nació el 1 de julio de 1961 en el palacio de Althorp Hall (Northampton, Reino Unido) y creció en una familia de la pequeña nobleza inglesa, entre el cuidado de institutrices, siendo educada en diversos centros hasta que, en 1973, ingresó en el elitista internado de West Health, en el condado de Kent.




"Sus padres, personas de mucho dinero, llevaban una vida social muy intensa en la que ella, prácticamente, no estaba incluida. La crían institutrices, asiste a muchos internados, pero vive con una enorme falta de amor. Además, tiene una personalidad débil, con muchísimos complejos; eso hace que no posea seguridad en sí misma, aunque eso era, precisamente, lo que buscaba en su matrimonio con Carlos".




Lo que marca un antes y un después en su vida fue, indudablemente, conocer al hijo mayor de Isabel II, Carlos, en noviembre de 1977. Mantuvieron un noviazgo que duró dos años. “Era muy romántica, buscaba que la quisieran”, asegura Calleja. “Pero se encuentra con Carlos... Se da cuenta de su problema, y, más en su caso, con sus carencias y un nivel muy bajo de autoestima”.




El 24 de febrero de 1981, el portavoz del Palacio de Buckingham anunció el compromiso oficial de Lady Diana Spencer y el príncipe de Gales.




Ha sido muy recordada su primera comparecencia pública como prometida, con un traje negro palabra de honor. Desde aquel día, Diana comprendió que había sido elegida para asegurar la continuidad dinástica de los Windsor, algo que no tenía que llevar aparejado un amor de pareja.




Su boda fue transmitida a más de 700 millones de espectadores de televisión y convocó en Londres a más de un millón de personas, entre los que se hallaban 170 jefes de estado. A partir de entonces, la princesa fue noticia todos los días del resto de su vida.




En 1982, dio a luz a su primer hijo, William, quien acaba de tener su primer hijo con Kate Middleton, y a quien alguien llegó a situar en el mismo espejo de la propia Diana.



Aquel mismo año, Lady Di hizo su primer viaje oficial en solitario para asistir al funeral de Grace Kelly, princesa de Mónaco. Precisamente, fue la princesa de Mónaco, meses antes de su muerte y ante un enjambre de paparazzi, quien le aconsejó que no se asustara por la fama porque irá a peor”. Su segundo hijo, Harry, nació dos años más tarde.





Diana se ocupaba de sus hijos, pero en su agenda también tenían cabida más de quinientos compromisos oficiales anuales que, por matrimonio, debía atender.



"Su personalidad durante su vida de casada va modificándose a peor, a medida que se da cuenta de la realidad en la que vive", asegura Calleja. "Se va replegando en sí misma, con su propio dolor. Eso la hace enfermar y tener varios intentos de suicidio", matiza la historiadora.






Era el foco de todos los flashes, de todos los gritos enfervorizados de la gente durante las recepciones. En 1986, la prensa británica comenzó a publicar los rumores de crisis en la pareja y los viajes de Diana en solitario comienzan a ser cada vez más frecuentes.





En 1992, la publicación de un libro de Andrew Morton sobre la princesa, en el que el autor hacía mención a la relación de Carlos con su vieja amiga Camilla Parker Bowles, precipitó los acontecimientos. En diciembre, los príncipes de Gales se separaron, y en los años siguientes comenzaron a salir a la luz relaciones sentimentales de Diana.




En febrero de 1996, Lady Di acepta divorciarse de Carlos. “La forma que Diana tiene de vengarse de la Familia Real y de todo lo que ha sufrido es a través de los medios de comunicación, donde es muy querida: esa será su arma”, explica Calleja.




"Aunque en realidad nunca recupera su autoestima. Va dando bandazos, de un hombre a otro, sin que ninguno de ellos responda al canon que buscaba: un hombre cariñoso y casero con quien formar una familia. Sale con hombres vividores, mujeriegos, de un perfil que no es que el necesita, lo que la desorienta mucho más", afirma la experta.




En la sentencia de divorcio, ella perdía el tratamiento de alteza real, pero podía mantener el de princesa de Gales, seguir residiendo en el palacio londinense de Kensington, y tener libre acceso para ver a sus hijos, William y Harry.





Poco a poco, Diana de Gales fue encauzando su popularidad, un verdadero fenómeno de masas, hacia una imagen pública cercana a organismos humanitarios, próxima a los sectores más marginados de la sociedad. Al tiempo, la lista de sus amantes iba en aumento.





A principios de agosto de 1997 salió a la luz su relación con el empresario de origen egipcio Dodi Al Fayed, hijo del millonario Mohamed Al Fayed, dueño de los grandes almacenes Harrods, y con quien Diana pasó buena parte de ese mes en varios puntos del Mediterráneo.





Su vida, aparentemente, daba un giro, parecía que la princesa había encontrado la felicidad. En esos días se llegó incluso a especular con la posibilidad de que la pareja estuviera planeando casarse y vivir en Francia. Al respecto Calleja comenta: "Es difícil de decir. No sabemos si hubiera habido un punto final o un punto y seguido. Entramos en el campo de las conjeturas".



La madrugada del 31 de agosto de 1997, Diana falleció en París tras sufrir un mortal accidente de tráfico en el túnel de la plaza de Alma, poco después de la medianoche. El carro en el que viajaban la princesa y otras tres personas colisionó violentamente contra uno de los pilares del túnel cuando, al parecer, trataba de eludir la persecución de los paparazzi.




Dos de sus ocupantes, Dodi Al Fayed, y el conductor, Henri Paul, murieron en el acto, en tanto que la princesa y el guardaespaldas que la acompañaba resultaron heridos de suma gravedad.





Diana fue llevada en una ambulancia al hospital de la Salle Petriere de París, donde falleció pocas horas después tras ser operada de urgencia. Según informó al día siguiente la fiscalía de París, el conductor del vehículo iba en estado de embriaguez y a una velocidad de 196 kilómetros por hora.





Concha Calleja, quien se entrevistó con el padre de Dodi, Mohamed Al Fayed, e investigó sobre aquel polémico accidente de tráfico, señala que “hay muchos indicios, muchos interrogantes para pensar que fue un accidente casual. Se estropearon, justo entonces, todas las cámaras del recorrido que ellos hicieron en coche: hablamos de una gran ciudad, París, llena de cámaras...





Chocaron con un automóvil Fiat blanco, hecho que al principio la policía francesa negó: luego, al cabo de un año, el vehículo apareció carbonizado a las afueras de París, con su conductor dentro.





El cuerpo sin vida de Diana fue trasladado desde París al palacio de Saint James, donde se instaló la capilla ardiente, que durante los días siguiente fue visitada por decenas de miles de personas. Su aureola mítica comenzaba a posarse en ella. Fue enterrada el 6 de septiembre en la mansión de Althorp, propiedad de su familia, en Northamptonshire, al norte de Inglaterra.





La Casa real británica, en un principio reticente al fervor popular por Diana, al final celebró en su honor un funeral en Westminster, que fue seguido por cerca de 2 millones de personas.





¿Fue Diana una buena princesa? Para Concha Calleja, "fue una niña educada para ser princesa, por dinero, por saber estar, por protocolo, por nacer en una familia de aristócratas. Estaba preparada para ser princesa, pero no para recibir la presión que ello traía aparejado, tras la decepción de su matrimonio y el estricto marcaje a la que fue sometida por la Familia Real inglesa".




Si en vida su elegancia en el vestir se convirtió en moda, tras su muerte se disparó el culto a su persona: los mínimos detalles de su imagen, sus peinados, sus trajes, han sido  recordados e imitados hasta la saciedad. Sólo hay que observar cómo Diana de Gales fue evocada en la boda de su hijo Guillermo para cerciorarse de que su recuerdo es permanente entre el delirio mediático.





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