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 Lula Da Silva demolió los argumentos de la Fiscalía y del juez Moro

Lula Da Silva demolió los argumentos de la Fiscalía y del juez Moro



Ayer a las 2:00 pm de la tarde, en Curitibá, la capital del estado sureño de Paraná, se cumplió con la expectativa planteada. Luiz Inacio “Lula” Da Silva se enfrentó, no a uno sino a dos, de sus más poderosos enemigos, el Juez Sergio Moro y el Fiscal Roberson Pozzobon.

Estos, intentaron acorralar al exmandatario durante más de cinco horas, el doble del tiempo usual para un interrogatorio, con preguntas repetidas y argumentos que lindaron en la insolencia.

El juzgado había sido acordonado por más de 1700 integrantes de la Policía Militar de la provincia de Paraná y de la Policía Federal, para garantizar el absoluto aislamiento de la zona alrededor del tribunal.

El argumento de la acusación era débil, por ello la fiscalía y el juez apelaron al mecanismo de fastidiar a Lula para provocarle y llevarle a incurrir en contradicciones. Lo que no recordaron estos representantes de la ley, es que Lula es un avezado dirigente sindical, curtido en discusiones laborales, donde es maña común de empresarios y abogados patronales prolongar los debates, para quebrar la resistencia de los trabajadores.

Lula llegó al juzgado con más de diez minutos de antelación, pese a que se detuvo a saludar a la multitud, cifrada en más de 50.000 personas que se reunieron en la ciudad, como muestra de apoyo y solidaridad. Apenas, pudo enterarse que unas 100 personas se habían congregado en una contramanifestación, para denostarle y apoyar al juez Moro.

Las preguntas del Juez y el fiscal se iniciaron girando en torno al departamento ‘tríplex’, que supuestamente recibió de la Constructora OAS como retribución por contratos por obras públicas. Lula respondió que efectivamente su difunta esposa, María Leticia, había comprado un departamento ‘en planos”, pero que luego desistió del negocio. Recordó que la constructora, que se encuentra en proceso de quiebra, incluyó ese departamento entre las garantías ofrecidas a los acreedores, dejando claro que es de su propiedad.

El juez acotó al inicio, que Lula podía quedarse tranquilo pues no sería detenido, a lo que Lula ripostó que “él estaba tranquilo y que no temía a ninguna pregunta porque cuando alguien dice la verdad no existen preguntas complejas”. Moro, con una lista de más de cinco páginas de preguntas, las realizó todas, muchas de ellas eran repeticiones. Lula respondió a todas y dejó claro en sus respuestas que esas preguntas ya las había contestado.

Lula advirtió que ese interrogatorio es una “farsa” y que se presentó por respeto a la ley, resaltó que esas preguntas que se le hacen, siguen un patrón especial “obedeciendo lo que quiere la TV Globo, la revista Época, la revista Veja, el diario O Globo”.

Hubo sorpresa, asimismo, por la cantidad de preguntas vinculadas al Partido de los Trabajadores, sin conexión con la acusación. Este intento de llevar el juicio a otras personas, subordinados de Lula cuando era presidente, provocó su respuesta directa: “Doctor, el juicio político proviene de las urnas electorales. Yo, ya fui juzgado, ganando la reelección y la elección de Dilma Rousseff y su reelección”

Cuando el Juez Moro habló sobre el interrogatorio que realizó Lula frente a un Comisario de la Policía Federal, luego del allanamiento a su casa de habitación, ordenado por Moro, Lula ripostó, “Ya que usted me pregunta sobre ese interrogatorio, ordene a la Policía Federal que devuelvan el Ipad de mi nieto de cinco años. ¡Es una vergüenza lo que hacen!”.

Moro mantuvo un trato respetuoso con Lula, llamándole siempre, “señor ex presidente”. El fiscal quiso quitarle dignidad, llamándole, “señor Luiz Inacio”, lo que provocó una dura reacción del abogado de defensa. El juez Moro debió indicarle, entonces al fiscal, que debería dirigirse no al “señor Luiz Inacio”, sino al “ex presidente”.

La obcecación del fiscal llevó a una dura respuesta por parte de Lula, “Permítame decirle algo. Ustedes me exigen una objetividad que yo todavía no les he pedido a ustedes. Lo que haré, cuando yo pueda hablar, es pedir que ustedes me muestren un documento que indique que el departamento es mío. Esa sería una prueba concreta. Lo demás es pura palabrería.”

La sesión terminó pasadas las ocho y media de la noche. Cumplidos los trámites legales, Lula salió y se dirigió con sus acompañantes a una plaza pública de Curitibá donde se dirigió a la multitud, reiterándoles su compromiso con los trabajadores y los explotados, advirtiéndoles que por ese compromiso con los pobres es víctima de “la mayor persecución jurídica de la historia de este país”.


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